lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Hora segura?

Otra vez por estos lares intentando hacer catarsis, pues la famosa hora segura planteada y puesta en marcha por la señora alcaldesa de Lima (misma por la que voté y no hay día en que no me arrepienta de haberlo hecho), no es más que un engaña muchachos.
Primero partamos de la aceptación de la gente, a través de la pagina de facebook aseguran que esta medida cuenta con una aceptación del 75% en el cercado de Lima, la verdad no sé a quien le preguntaron, pues hasta ahora no encuentro alguien que esté feliz de tener que comprar todo el trago que va a necesitar para su reunión, por que en pasadas las 11:30 pm (la hora varía según el distrito y que tan caleta sea el huarique donde compras) no consigues trago por ningún lado, a no ser que conozcas al pata de la tienda y te la dé camuflada, de otro modo, si se te acabó el trago, fuiste.
Segundo, eso de que "ya no te vendo trago para que la ciudad sea más segura" es más falso que moneda de 3 soles, todos sabemos que cada día las calles son más inseguras, que no se puede caminar tranquilo por que tienes que estar viendo hacia todos lados para identificar a pirañas, marcas, ladronzuelos y demás bichos que en cuestión de segundos te pueden quitar aquello que con tanto esfuerzo compraste, herirte o algo peor aún.
El problema de la violencia no se soluciona diciéndole a la gente "solo te vendo drogas y alcohol hasta las 11, después de eso es peligroso", eso es una gran tontería, la violencia es un problema social, está arraigada en la estructura de la sociedad y va más allá de limitar el consumo; señores la prevención no pasa por decir "no puedes comprar trago toda la noche", pasa por educar a la gente, por realizar campañas para concientizar sobre el abuso de las drogas (legales e ilegales), es un trabajo de largo aliento y no una medida desesperada que a la larga lo único que logra es que la gente tome más rápido que antes, se emborrache antes y haga todo lo que siempre hacían, pero más temprano; o es que acaso no se han dado cuenta que no han disminuido los accidente por conductores ebrios, que las peleas entre pandillas no han cesado, que casi todos los días en los noticieros salen noticias de que "fulanito" mató a balazos "menganito" a la salida de una discoteca en el distrito "no se cuantitos", por favor señores, la "hora segura" no es más que una medida que apunta a congraciarse con lo más rancio dela cucufatería limeña, pero que no tiene resultados concluyentes o relevantes en ralación al problema que pretendía solucionar.
Prevención a través de educación, formación y concientización, no mediante medidas inútiles que lejos de ser una solución, en algunos casos agravan el problema, toda medida abusiva, que intente limitar las libertades de las personas, en especial la libertad de elegir de manera responsable, son medidas destinadas al fracaso; aprendamos de la historia señores, ¿no fue acaso durante la prohibición en los Estados Unidos de Norteamérica la época en la que más licor se bebió?.
En todo caso, creo que cada quien es libre de elegir, lo que deben hacer las autoridades es dar los criterios y la información necesarias para que esa elección sea a conciencia, responsable y provechosa para todos los vecinos de esta tan maltrecha ciudad.
Lo dejo a su criterio...


lunes, 25 de abril de 2011

Las piedras del camino


Sábado, aproximadamente 2:30 a.m. a pocas horas de salir al trabajo para dictar un taller, de repente un dolor intenso del lado izquierdo del abdomen, no es el apéndice, no son gases (por la magnitud del dolor tendría que haber sido todo el yacimiento de Camisea), no es una indigestión (ni comiéndose una vaca entera), entonces qué demonios es ese dolor que se siente como si te taladraran la parte baja del vientre y parte de la espalda con una broca al rojo vivo.
Algunas horas y varias ampollas de morfina después me enteré, entre la somnolencia provocada por una cantidad de analgésico similar a la que se usaría para dejar privado a un elefante durante una semana y las alucinaciones propias de esos mismos analgésicos, me enteré de que era el orgulloso poseedor de cálculos renales. Pero de cuándo acá cálculos si a mí nunca me gustaron las matemáticas pensé, pues sí, cálculos, uno en particular que quería salir, pero como al igual que yo, la bendita piedra era de tamaño generoso sumado al hecho de que (según me comentó el doctor luego) el conducto por el que pretendía salir era más estrecho de lo normal, me generaba un dolor similar al que debió sentir mi mamá cuando nací pesando el módico peso de 4 kilos 200 gramos.
Las personas con las que conversé (algunas de las cuales también pasaron por este insoportable dolor) luego de todo el alboroto me dicen que luego del parto, ese es el dolor más fuerte, seguido por el dolor de muelas, el cual dicho sea de paso también he tenido, y la verdad que sí, no había posición alguna en la que el dolor sea siquiera manejable.
Una vez internado y enterándome que iba a perder mi virginidad en lo que a operaciones se refiere, ya que hasta ese momento estaba invicto, no quedó más que la famosa “resina”, resignación que le dicen, pero cualquier cosa con tal de que pare el bendito dolor que no disminuye con nada.
Al fin de cuentas se puede decir que salí bien librado, aún cuando la operación que supuestamente debió durar 1 hora y media terminó durando 3 horas, lo que significa que durante algunos minutos pude ver cómo los doctores trataban en vano de sacar la caprichosa piedrita, que ni era tan piedrita ni tan dichosa, más aún si consideran que el conducto por el cual debía de salir era más estrecho de lo que debía ser (por eso dolía como si el demonio estuviese metiendo candela.
Otro motivo más para considerar al final el balance positivo es que a raíz de este “ligero dolor”, pude bajar de peso 10 kilos, que de otro modo hubiese sido casi imposible perder y además mi consumo de gaseosa se ha reducido considerablemente y ha aumentado mi consumo de agua o jugos de fruta natural, lo cual va a favor de mi ya bastante maltratada salud.

lunes, 10 de enero de 2011

Se me fué la inspiración... y ahora???

Había escuchado antes hablar sobre el síndrome de la página en blanco, eso que les ocurre a los escritores cuando de pronto se bloquean y no pueden más que resignarse a tener frente a ellos la página vacía, por falta de inspiración, flojera, indiferencia o lo que sea; pues hace ya más de un mes estoy con una severa constipación crativa o narrativa mejor dicho, es curioso, cuando comencé con el blog, me dí cuenta de que cuanto más seguido salía a caminar por las calles de Lima la horrible, más material para escribir tenía, los temas se venían a mi cabaeza de una manera incontrolable, similar a un proceso diarréico severo causado por alguna porquería en mal estado o soleada que solemos comer los limeños pues abundan en nuestras calles con olores nauseabundos; grande fué sin embargo mi sorpresa cuando luego de algunos días nada, simplemente se fué, es decir las ganas de escribir sobre lo que a diario veía, por parecerme sencillamente intrascendente y ocioso escribir siempre sobre las mismas cosas, combis yendo y viniendo cual descontrolados de la peor horda que pudieran imaginarse, peatones zurrándose en la normas de tránsito y de urbanidad necesarios para poder siquiera intentar convivir en esta sobrepoblada ciudad, policias que no se mueven de la puerta del restaurant que están cuidando así a diez metros estén cometiendo un delito so pretexto de "no me puedo mover de la puerta", entonces para que coño te metiste de policía, un "huachiman" puede hacer lo mismo y cobra menos, ver como los choferes de combi ya tienen un tarifario para coimas a los policias de transito quienes con el mayor descaro piden entre 3 y 20 soles para la gaseosa, y demás hierbas a las que lamentablemente nos tiene acostumbrados Lima.
Pues con todoas y esas se fué, de pronto un día me senté frente a la computadora y no había nada, nada de que rajatr, nada que denunciar, nada que pudiera servir de válvula de escape para mi convulsionado cerebro lleno de tanta mierda que día a día me ataca por donde pongo un pie, por que si pues, Lima es una ciudad agresiva, y al que diga que no que venga para ver como nos va..., en fín, como decía Lima es una ciudad violenta, agresiva, en donde los modales y la amabilidad te convierten en un marica, rosquete, gallina, chivo o cualquier animal que se les ocurra.
Si no mandas al carajo al que te cerró en plena avenida en hora punta, si no le metes un empujon al gran pendejo que te quizo hacer cojudo zampándose en la cola o algo por el estilo eres definitivamente un rosquete y pobre de que ande cerca un ratero, por que encima de que se cagaron en tí y en tus derechos, viene un hijo de la casualidad y te quita lo poco que tienes.
Un día de pronto con tanto material que Vargas Llosa podría hacer una biblioteca entera me quedé en cero, ni una palabra, nada; en mi defensa he de decir que mi estabilidad emocional y mi ánimo por cosas que ocurren no eran los mejores, es decir estaba completamente acojudado, ensimismado, ahuevado, por que si pues, a veces a uno le toca pues, te pasa algo, no terminas de recuperarte y ya la vida te está jodiendo con otra cosa y cuando crees haber solucionado todo, pasa un pajarito y te caga; así es pues, cuando estás de malas, estás de peores y lo único que queda es resignarte y rogar para que las vacas o los elefantes no desarrollen de repente una misteriosa y maravillosa habilidad para volar, por que ahí si que te toca una grande. Pero como dicen no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, y una de dos o sales de la mierda que en algunos casos la pueden llegar a tener hasta por sobre la cabeza  y surges como el fénix de las cenizas o te mimetizas con la mierda para nunca más salir y convertirte en una especie de zombie o algo peor un "ciudadano" que no vale ni más ni menos que un voto.
Así de jodido estoy, jodido pero contento, intentando salir del fonde del pozo, peleando para no hundirme en la mierda, para que los que ya se hundieron no me jalen las patas y me terminen de cagar con ellos, para salir oliendo a caca pero salir, ya el baño será después, lo importante es salir lo más rápido posible y volver a escribir, volver a interesarme por algún tema, volver a sentir la pasión suficiente para volver a las andadas y volver a decir...
Lo dejo a su criterio...

lunes, 29 de noviembre de 2010

Esa irrefrenable necesidad de cagar donde se come.

En cada recorrido que hago por Lima, encuentro que sin hacer distinción alguna entre hombres o mujeres, grandes o chicos, pitucos o misios (pongan la etiqueta que quieran), existe un gran desprecio por la ciudad y por ellos mismos, basta ver como se convierten en letrinas al paso postes, árboles, la parte de atrás de un auto y cuanto lugar se preste para el desahogo sin importar si el lugar elegido para la hazaña está al lado de un colegio o el arbolito en cuestión está en medio de la más transitada de las avenidas, todo lugar es válido para descargar el exceso de líquido que llevamos.

Otra “maravillosa” costumbre que “mis paisanos” tienen y practican con ferviente devoción es tirar las envolturas, cáscaras, pepas, bolsitas o recipientes de lo que sea que su apetito y su bolsillo les permitan graciosamente tragar mientras van caminando o en algún vehículo, aún cuando van en el metropolitano en donde (como TODOS saben) está prohibido comer o beber. Resulta francamente indignante como sin el menor reparo arrojan lo que sea que tenga a la mano a la calle sin darse cuenta de que es la ciudad donde viven la que están dejando cada vez más asquerosa.

Recuerdo que en una oportunidad intenté hacerle ver a uno de “mis  paisanos” que había botado una bolsa gigantesca de los chisitos que acababa de terminar, dejándole las manos (y por consiguiente el pantalón) grasosas y amarillentas, que no podía arrojar basura en la calle diciéndole: “esteee, amigo, se te ha caído tu bolsita”, vano intento, el sujeto este ni me entendió, miró la bolsa que había botado busco a los lados algo que se le pudiera haber caído cuando tiró la bolsa y dijo: “no yo la boté”; terco intenté hacerle ver que me refería a la bolsa que acababa de arrojar y por todo respuesta obtuve un: “no hay tacho pe, onde lo voabotar” (traducción: en donde lo voy a botar), cuando empezaba a intentar una explicación de que el hecho de que no hubiera en donde arrojar la basura no lo faculta a dejar la calle como relleno sanitario, mi esposa con mucho más tino me hizo saber que estaba como decía mi abuela “gastando pólvora en gallinazo”, el tipo simplemente no entendía que no se debe arrojar basura en donde nos apunte la nariz.

Así como el sujeto de la bolsa de chisitos, hay cientos, miles que por alguna razón no ven esta ciudad como suya, no asimilan la idea de que están viviendo en una ciudad que cada día está peor por culpa de ellos, y sin embargo se pasan la vida echándole la culpa de todos sus problemas a los gobernantes de turno (mismos que ellos eligen por que se pintan un número en una enorme y aguada parte de su anatomía o por que se disfrazan de algún superhéroe), es siempre culpa del alcalde que la ciudad esté como esté, son los funcionarios corruptos que tienen la culpa de todo.

Mi profesión mi impulsa a elaborar algunas hipótesis del porqué del comportamiento de “mis paisanos”, hipótesis que van desde el cuestionamiento de los niveles de educación, pasando por la pérdida total de valores cívicos, hasta la que trata de explicar este despelote por el crecimiento explosivo que ha tenido Lima en los últimos 20 o 30 años, e incluso hasta una combinación de teorías; lo que no me termino de explicar es como alguien se puede acostumbrar a vivir en medio de la mierda sin siquiera hacer una mueca de asco, dicen que el ser humano es una animal de costumbre, pero también es cierto que algunos se acostumbran a ser animales.

A veces me pregunto como serán las casas de “mis paisanos” que todos los días tiran basura y orinan en donde se les ocurre, harán los mismo en las salas de sus casas, cuando están en la cama y tienen la necesidad de cagar y el baño está ocupado lo hacen allí nomás, tiran la basura dentro de los cuartos, en el piso de la cocina; esa idea me deja por demás intrigado y asqueado.

Soy optimista y creo que esto algún día cambiará, de lo que no estoy muy seguro es de cómo, ya que los hijos de “mis paisanos” crecen viendo este comportamiento como natural y definitivamente lo repetirán, así que la tarea es dura; por otro lado hay quienes dicen que esto ya no tiene arreglo y lo único que queda es jalar la cadena…

Lo dejo a su criterio…

martes, 23 de noviembre de 2010

La guerra por la tele... ¿quien ganará?

La semana pasada con motivo de una infernal gripe tuve la "dicha" de pasar una noche en el sofá de la sala, todo por no contagiar a mi esposa que está esperando a nuestro primer bebé, aprovechando tal momento de exquisita libertad, di rienda suelta a mis bajos instintos e hice lo que todo hombre casado en mi situación hubiera hecho, me adueñé del control remoto y no lo solté ni cuando me quedé dormido con los ojos rojos de tanto ver televisión.

Como hacía mucho tiempo no pasaba, coincidentemente el tiempo que llevo viviendo con mi señora, pude ver cuanto programa de deporte (entiéndase fútbol) encontré en señal abierta y cable, y seguro que de haber tenido algunos DVD de fútbol también los hubiera puesto, pude nuevamente ver un partido de fútbol completo (Barcelona vs. Villarreal) sin tener que estar respondiendo preguntas sobre el reglamento o escuchar que tal jugador “es un salvaje” cuando se le ocurría ponerle el pie de corbata a otro, simplemente ver el partido; pude también ver cuanto resumen de goles, pasaban los programa, sin tener que pedir “un ratito” para que no me cambien de canal justo cuando van a decir cuales fueron los resultados de los partidos del día o tener que explicar por qué me interesa saber los resultados de equipos de los cuales no soy hincha o peor aún, tratar de explicarle (sin éxito) por qué conviene que tal equipo gane y que el otro empate para poder clasificar a la siguiente etapa del torneo.

Esto me hizo pensar en cuan cierto es eso de “vamos a ver televisión” cuando se lo decimos a nuestra esposa, es verdad acaso que vemos televisión “juntos” o simplemente nos turnamos aburridos momentos frente a la “caja boba” que sólo son soportables por la acurrucada que nos damos cuando por ejemplo en mi caso tengo que soplarme esas “insufribles” comedias románticas que nos presentan un mundo que no sólo nos es completamente ajeno y a veces hasta inalcanzable, si no que además nos muestran un mundo en el que el bueno es tan bueno que raya con lo cojudo y el malo es una basura, un miserable que no tiene perdón de Dios.

De la misma manera, estoy seguro que no debe haber castigo mayor para mi mujer que soplarse noventa minutos viendo como veintidós tipos corren tras un balón y unos vestido por lo general de negro tras los veintidós para que no se cojan a golpes a la menor oportunidad, no contentos con eso tener que ver los comentarios de tipos que dicen que saben de fútbol (y así no la dejo hacer comentarios a ella) y las repeticiones de goles que acabo de ver en el partido.

Algo que usualmente pasa es que cuando dan una de estas comedias románticas o toca la novela, me acuesto a su lado hasta que el aburrimiento me gana y me vence el sueño, no sin antes hacer mil y un preguntas para inútilmente procurar entender de que se trata “La Usurpadora” (novela de turno); o ella se instala cómodamente a ver (y comentar) el partido del fin de semana, tan cómodamente que por lo general los ronquidos empiezan en el minuto 30 del primer tiempo, ronquidos que sólo se interrumpen cuando un desaforado grito de GOOOOOOL, la hace saltar sin misericordia de la cama con el corazón en la boca. Esto es por que recién nos estamos acostumbrando, después de casi 30 años de ver lo que nos venía en gana, a compartir los gustos e intereses, o esta situación se agrava con el paso de los años. Le he preguntado a algunos amigos casados más tiempo que yo y las respuestas varían de una pareja a otra, sin un patrón que los asemeje unos a otros, es decir… como al principio.

Se me ponen los pelos de punta el sólo pensar que pasados los años, me pueda ver junto a ella frente al televisor comentando la novelita del momento, o realizando un “profundo análisis” sobre las posiciones de los equipos en la tabla; ni en mis peores pesadillas, las cosas en su sitio por favor, ella con sus novelas y yo con mi fútbol, así debe ser, así será (espero).

Pero al final toda especulación quedará de lado, por que como les dije, cuando le hice la pregunta a mis amigos casados las repuestas variaron muchísimo, pero hubo sólo una coincidencia en absolutamente todos los casos de parejas casadas y con hijos, todos sin excepción terminaron viendo Barney, Oki Doki, Lazy Town, etc., etc., considerando que faltan mas o menos 6 meses y medio para que llegue nuestro bebé, es más a omenos ese el tiempo que nos queda para poder ver lo que queramos, antes de que el nuevo dueño de la tele haga su ingreso triunfal y nos despoje de todos los “privilegios”.

Lo dejo a su criterio…

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cuando el "ingenio" sobrepasa al sentido común.

Una vez más soy testigo de cómo nuestra muy ingeniosa fauna política, se empeña en asolapar su ineptitud para hacer cumplir la normas vigentes inventando una serie de reglamentos que sólo logran convertir a los peatones (“mis paisanos”) en “infractores formales” (papeleta de por medio), y no logran el objetivo que es Educar a quienes durante años han vivido en la más absoluta informalidad y (por supuesto) no dan señales de estar dispuestos a querer cambiar.

Se suele decir que “las normas están hechas para ser cumplidas”, aunque en nuestro país y de manera más palpable para nosotros, en nuestra vieja Lima, las normas no son más que las víctimas de flagrante violación por parte de los grandes depravados que resultan ser “mis paisanos”. Las violaciones de las que a diario somos testigo a cuanto reglamento, disposición, resolución, ley o cualesquiera que se les parezca, hacen que cualquier intento por ordenar en base a “nuevas reglamentaciones” el caos en el que “mis paisanos” han sumido a esta ciudad, resultará más que inútil; pues según lo veo no se trata de “inventar” nuevas leyes, la solución más bien pasa por hacer cumplir con mano muy firme las normas que ya existen, sancionar a quienes tienen que sancionar, pero por sobre todo y antes de esto: Educar.

Por otro lado, supongamos que no existe la legislación al respecto y que es necesario crear un marco legal ante una situación dada, se hace entonces un sesudo análisis de la situación, se realizan los estudios relevantes, se junta la “comisión ad hoc de asuntos sin importancia”, discuten el proyecto de ley y finalmente se aprueba: “Regístrese, comuníquese y publíquese”; pero, ¿alguien se preocupó de crear las condiciones idóneas (o mínimas requeridas) para que la ordenanza, mandato o lo que fuere se pueda cumplir?. Aquí algunos ejemplos: Nos piden por ejemplo que utilicemos los cruces peatonales, pues en muchos sitios simplemente NO HAY; nos dicen que los peatones debemos transitar a una distancia prudente ¿? de la pista cuando todos hemos tenido que bajar de la vereda (a esquivar autos) cuando pasamos por ejemplo un domingo como a la 1 o 1:30 p.m. frente a alguno de estos restaurantes de moda en donde (con la espeluznante complacencia y complicidad del policía que espera recibir su propina) encontramos ocupando toda la vereda camionetas 4x4 que impiden el paso a todo aquel  que en uso de su derecho de libre tránsito quiera ir por ahí y no puede; dicen que para muestra un botón, estos son un par de botones de abrigo de payaso, aquellos gigantescos y de colores chillones.

Otro punto a tomar en cuenta es el siguiente: en las esquinas o intersecciones  más transitadas usualmente hay uno o dos miembros de la policía nacional, por lo general uno de ellos se dedica a dirigir el tránsito y el otro (que casi siempre resulta ser “la otra”) a hablar por celular con el colega de la siguiente intersección o sabes Dios con quien; si consideramos que en hora punta, que es cuando más infracciones al dichoso reglamento se cometen, transitan alrededor de 200 personas por minuto tenemos que en una hora por esa esquina han pasado cerca de 12000 personas, de estas 12000 siendo optimista, el 30% respeta las normas de tránsito, eso quiere decir (si las matemáticas no me fallan) que aproximadamente 8400 de “mis paisanos” han pasado por encima del reglamento y esto sólo en una intersección de las miles que hay y en un lapso de una hora. Según informaron, el primer día de aplicación de la norma se colocaron (en total) en Lima algo más de 900 papeletas, ¿que pasó con las restantes?, hay una importante diferencia si consideramos que las 900 se pusieron en un lapso de aproximadamente 8 horas.

Finalmente, en un reportaje mostraron el tremendo fracaso de esta campaña en provincia, en donde ante la impotencia de la policía, los peatones cruzaban por donde mejor les parecía, esgrimiendo el casi kafkiano argumento de “estamos en la sierra pues, esta gente está acostumbrada a ir por la pampa y no saben de semáforos”, y en donde una “señora” con pinta de luchador de sumo la emprende contra el camarógrafo de un canal de televisión y luego le lanza una soberana “caricia” al guardia que intentaba hacerle entender a la “señora” que había obrado mal.

No me malinterpreten, esto no es un llamado a la desobediencia ni un intento de sabotear las tan bien intencionadas leyes que nuestros amigos legisladores tan cariñosamente nos brindan, es simplemente el derecho a zapateo que tengo de expresar la incomodidad (o sea me friega) de leyes que no se cumplen, de autoridades ineptas que no pueden hacer cumplir las normas, de “mis paisanos” que no son capaces de conservar las más elementales normas de civismo; en fin del despelote que significa la casi imposible convivencia en esta caótica ciudad.

Lo dejo a su criterio…

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vocación de Kamikaze o simplemente cojudos

“Kamikaze”, término de origen japonés que fuera utilizado a finales de la segunda guerra mundial por los traductores estadounidenses para referirse a los ataques suicidas por parte de pilotos de la armada imperial japonesa dirigidos hacia la flota aliada; y que se ha extendido a nivel mundial para referirse a toda incursión suicida, en donde lo único que importa es destruir el objetivo sin importar la propia integridad. Este término que fuera utilizado hace más de 60 años y a muchos kilómetros de nuestra querida ciudad; hoy está más vigente que nunca entre nosotros, basta con darse una vuelta por Lima y detenerse unos minutos en algún cruce peatonal, para ver con pánico la “audacia” de “mis paisanos” quienes con real vocación e instinto “Kamikaze” se lanzan a la extremadamente peligrosa misión de cruzar la pista.

Pues sí, lo que en cualquier ciudad del mundo sería el muy simple y aparentemente inofensivo proceso de llegar a la vereda de enfrente, en Lima se convierte para quienes tratamos de respetar las luces del semáforo en un infernal intento de sobrevivir a las combis, coasters, buses, taxis y demás que por supuesto hacen caso omiso del susodicho semáforo, o es que acaso piensan que son “adornos” para alegrar la ciudad o quizás luces navideñas olvidadas.

El tema de los semáforos en Lima es muy particular, ya que casi nadie los respeta se podría decir que son ornamentos para nuestra cada vez más gris ciudad, y si lo haces te miran como el cojudo que "se queda parado en la esquina" o te gritan que “avances, no vez que no viene carro”, como algún infeliz intentó hacerlo conmigo llevándose (por supuesto) su respectivo “vete al mierda” por parte del suscrito; pero de un tiempo a esta parte abundan los semáforos por todo Lima, a algún “genio” y “esmerado” funcionario de la comuna se le ocurrió que con más semáforos, colocados indiscriminadamente sin el menor criterio técnico ni conocimiento de la realidad de la zona en donde lo estaban colocando el tráfico iba a mejorar, ¡Gran Error!, lo único que se ha logrado con esto es que haya más semáforos que absolutamente nadie respeta, por que si pues, un día me levanto, me voy a comprar el pan con las legañas aún en los ojos y me encuentro que justo por donde cruzo todos los días me pusieron tremendo semáforo, ¡No Pues!, ya empezaron a fregar, por que en Lima las normas no se hacen para procurar hacer más habitable la ciudad ¡No!, las normas se hacen para fregarme el día, por que ahora voy a tener que esperar como un “Gil” que cambie la luz para poder cruzar, por que ahora si van a poner multas a los peatones (permítanme la carcajada).

Pero, ¿que pasa en las avenidas muy transitadas?, pues lo que sucede allí podría compararse perfectamente con cualquier campo de batalla en el pacífico norte durante la segunda guerra, en donde “mis paisanos” con una verdadera vocación de “Kamikaze” se arrojan entre los autos quienes sin el menor miramiento continúan su marcha, los unos tratando de llegar a la vereda del frente, los otros avanzando con el pie en el acelerador cual si fueran en pista libre (¿no es eso realmente suicida?), pero me pregunto por qué el apuro, pues si hemos salido tarde rumbo a nuestro destino que más da esperar los dos minutos que demora el semáforo en ponerse en verde, insisto si ya salí tarde por el simple hecho de zurrarme en cuanto semáforo encuentre no voy a llegar temprano a donde sea que este yendo.

Ahora bien, que pasa si trasladamos este caótico escenario no a una simple avenida congestionada como puede ser la insufrible avenida Abancay, o la no menos espantosa avenida Wilson u otras tantas (ustedes elijan), esta vez la escena se recrea en la panamericana, con autos yendo a más de 70 Km./h, y por consiguiente sin tiempo de frenar cuando algún cristiano se cruza por donde mejor le parece, siendo esto generalmente a unos pocos metros del puente que tanto pidieron los vecinos (cartulinas en mano para la cámara) cuando atropellaron a fulanito la semana pasada, mismos vecinos que hoy ni miran el puente que tanto jodieron por que les pongan. Lo curioso del caso es que muchas veces “mis paisanos” prefieren esperar alrededor de 10 minutos en la orilla de la carretera, esperando que no pasen “tantos” vehículos para poder pasar al otro lado, cuando utilizando el puente que tienen a 5 metros lo podrían hacer en cuando mucho 5 minutos (con paradita para la vista panorámica incluida).

Dicho esto, me pregunto si no estoy siendo injusto con la memoria de los verdaderos “Kamikaze”, estos bravos y corajudos soldados que (ideologías aparte) lo único que hacían era defender los intereses de su imperio, contra lo que ellos consideraban una injusticia, eran soldados valientes dispuestos a dar la vida por su nación y por más que podamos o no cuestionar las formas, eran considerados por sus conciudadanos como héroes, lo cual a todas luces no es el caso de “mis paisanos”, estos no son más que una sarta de cojudos a quienes las normas les llegan al fondo de los bolsillos, normas que irónicamente están hechas para protegerlos, pero ¿como proteger a alguien de su propia estupidez?.

Lo dejo a su criterio...